Archivo mensual: noviembre 2018

¿Sacar a Santana del panteón?

Por JOSÉ G. GUERRERO*

Publicación original: Listín Diario, domingo 14/01/2007. Sección A. Año CXVIII No. 32.181

 

La Sala de Próceres del Archivo General de Nación (AGN), recién inaugurada, es un proyecto bien intencionado pero equivocado desde el punto de vista conceptual e institucional.

La función del AGN es recopilar, proteger, organizar y colocar a disposición del país los documentos escritos, orales o de otra índole de la historia dominicana y de los hacedores de la misma, independientemente de si son próceres o no. Allí deben estar los documentos de Duarte, Luperón, Santana, Báez, Lilís, Trujillo, Balaguer, Bosch, Caamaño y demás personajes de nuestra historia.

Es duplicación de funciones esta Sala porque a la institución que le toca hacerlo es al Museo Nacional de Historia y Geografía. Al AGN le corresponde otra sala, al igual que a la Academia Dominicana de la Historia, de los académicos e investigadores que han contribuido con estudios y aportes historiográficos en las respectivas instituciones, tales como Emilio Rodríguez Demorizi, Federico Henríquez y Carvajal, Vetilio Alfau Duran, Roberto Cassa, entre otros muchos, sin tampoco importar su filiación ideológica. Aunque se trata de una muestra representativa, la Sala del AGN tiene el problema de toda lista no exhaustiva.

Si algo o alguien falta, se convierte en exclusión e injusticia. Como y por qué no incluir a Bono, Urbano Gilbert, Gaspar Polanco o Manuel Rodríguez Objio o al mismo Hostos considerado por su patriotismo “¡como el más grande de los dominicanos!”, de la misma manera que Martí llamó a Federico Henríquez y Carvajal el más cubano de los cubanos por sus aportes a la independencia de Cuba? ¿Cuántas mujeres se incluyeron? Seguramente pocas, por la tradición sesgada de género de nuestra historiografía. Por otra parte, la sala recién inaugurada en el Palacio Nacional sobre los gobernantes también adolece de un criterio exclusivista.

Esta se ordenó “según el tipo de gobierno” que los mandatarios realizaron y por eso quienes la visitan no pueden comprender en su diacronía histórica la exposición completa.

Mejor hubiera sido abarcar en una sola exposición a todos los gobernantes, incluyendo a los vicepresidentes, e indicar cuales fueron legítimos, ilegítimos, autoritarios, liberales, democráticos, defensores o entreguitas de la soberanía.

Todos pertenecen a la historia. Creo que las exposiciones del Archivo y del Palacio expresan una concepción de la historia enunciada por G. Macaulay ya superada basada en el hombre-individuo, en el héroe, en la superestructura política y la Providencia, la cual se presta más al culto de la personalidad y menos a la historia crítica, desmitificadora y de la vida cotidiana.

La concepción del héroe o del prócer, a menudo, deja fuera el papel del pueblo y de las clases sociales que son quienes hacen la historia, aunque guiados por líderes.

En una visión más progresista, la historia y sus personajes deben tratarse en su dinámica, circunstancias y contradicciones. Son preferibles salas o exposiciones sobre acontecimientos como la que el Archivo exhibe en el Parque Independencia sobre la primera ocupación militar norteamericana con protagonistas, antagonistas y el pueblo en general.

La exclusión de Santana y de Báez de la sala del Archivo está justificada porque evidentemente no fueron próceres y realizaron acciones que pusieron en juego la soberanía nacional. Pero sobre esto no existe consenso total. Para algunos Santana fue también precursor de la Patria y para otros su negación.

En una visión pluralista de la historia, las contradicciones son parte de ésta, y el público, intelectuales, ciudadanos, estudiantes y el pueblo son los que enjuician a sus personajes y acontecimientos según intereses y valores.

Esta no es tarea del Archivo ni de la Academia de la Historia como institución, aunque sus miembros pueden dilucidar al respecto. Si se saca a Santana del Panteón Nacional, como bien recomiendan Cordero Michel y otros historiadores, sería bueno aprovechar la ocasión para hacer lo mismo con otros personajes que no tienen el mérito –o no cumplen con el criterio de proceridad- para estar allí. Nuestro panteón es de los que más próceres tiene en mundo.

Sería excelente oportunidad para discutir los criterios y funciones de un Panteón de la Patria. Si se trata de hacer juicio a la historia, habría que eliminar de la proceridad a muchos trinitarios que apoyaron la Anexión a España 17 años después de la Independencia.

También sería propicia la ocasión para discutir, sin denostar, los méritos de Sánchez y Mella para considerarlos Padres de la Patria. ¿No mostró Juan Isidro Jimenes Grullón que esta trilogía fue una construcción de la dictadura de Lilís y que el único Padre de la Patria, y así pienso yo, es Duarte?

Con cual Caamaño nos quedamos, ¿con el guardia represivo de los movimientos estudiantiles y de Palma Sola o el soldado que enfrentó la invasión norteamericana?

Los dos son históricos: actuaron y respondieron según las circunstancias. Su actitud revolucionaria, no borra su carácter autoritario y conservador, aunque terminó como héroe sacrificado por los mejores intereses de la Patria.

Lo más importante de todo es ampliar la propuesta de Antinoe Fiallo y Franklin Franco de realizar un seminario o congreso para debatir la cuestión. Lo fundamental de la historia (con minúscula) no es el hecho pasado, sino la visión hermenéutica, la crítica y la posibilidad de múltiples interpretaciones al respecto, porque, al fin y al cabo, nadie es dueño de la Historia (con mayúscula) y esta cambia con las generaciones. La historia no se borra con el olvido ni el silencio.

 

*El Autor es miembro de la Academia Dominicana de la Historia y Director del Instituto Dominicano de Investigaciones Antropológicas. Docente en la UASD e INTEC.

 

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized